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domingo, marzo 22, 2009

Fallece el escritor Alastair Boyd

Ha fallecido en Ronda Alastair Boyd, defensor a ultranza del medio natural de la Serranía de Ronda, que fue noticia durante estos ultimos años por su enfrentamiento con los promotores inmobiliarios de Los Merinos, que lo acosaron e intimidaron hasta el punto de exigirle en los tribunales 22 millones de euros por sus declaraciones en la prensa inglesa, exigencia desestimada por los tribunales que dieron finalmente la razón a Alastair.

Alastair Boyd había luchado también durante años por la depuración y la recuperación de los ríos Guadalevín y Guadiaro, llevando esa lucha incluso al Parlamento Europeo.

Alastair Boyd publico hace dos años su primer libro en castellano, "De Ronda a las Alpujarras. Viajes a caballo en los sesenta por el sur de España", que es la traducción y adaptación al castellano de su ya clásico "The Road from Ronda. Travels with a horse through southern Spain" publicado por Collins en 1969.
En este libro, Alastair hace una descripción detallada de la Ronda de los años 60 y sobre todo de la sociedad de esta ciudad, donde Alastair no tuvo ningún reparo en criticar abiertamente a las autoridades e instituciones oficiales de aquella época.

Los viajes narrados se llevaron a cabo entre los años 1965 y 1967 y todos ellos fueron realizados a caballo. La carencia casi absoluta de desarrollo en el interior del país garantizó la conservación de la mayoría de las cañadas reales, los antiguos caminos de ganaderos y arrieros. Apenas existía el alambrado de terrenos privados y con frecuencia se podía cabalgar un día entero sin apenas tocar una carretera asfaltada. Sin embargo, aquellos fueron los últimos años en que se podía viajar de este modo en la confianza de que se encontraría posada y forraje para los animales en cualquier pueblo donde se pernoctara. Cambios inmensos se vislumbraban, pues la mayoría de esas primitivas hospederías con sus amplias cuadras estaban a punto de cerrar sus puertas para siempre. Podríamos decir que Alastair Boyd ha sido el último viajero romántico de la Serranía de Ronda y, posiblemente, de Andalucía. Llegó a tener amistad con Gerald Brenan y se podría afirmar que Boyd ha sido para la Serranía de Ronda lo que Brenan para las Alpujarras.

Fue una época también en la que el turismo iba en aumento, aunque se limitaba casi exclusivamente a las ciudades monumentales y a las costas. La Costa del Sol comenzaba a extenderse desde la playa hacia las faldas de las sierras, pero Marbella conservaba todavía las características de un pueblo español con cierto encanto.

Ronda, con sus dos estrellas en la guía Michelín, siempre había atraído a cierta clase de turista, sobre todo gente seria que llegaba en tren o en coche propio, por lo general provista de la clásica guía y libros sobre botánica de la región o la arquitectura árabe. Los autocares de los turoperadores no se habían asomado todavía; la entonces peligrosa carretera que une Ronda con San Pedro de Alcántara servía de protección contra la invasión del turismo transitorio de un día.

Los residentes extranjeros eran escasos y estaban muy esparcidos. El autor conocía a todos los que vivían en un radio de treinta kilómetros alrededor de Ronda. En su viaje desde Ronda a tierras de Almería y Granada se encontró a un solo extranjero en todo un mes.

Alastair Boyd nació en 1927. Fue educado en varios colegios privados y luego en el King´s College de Cambridge. Tras servir en la Guardia Real Británica, trabajó en el sector financiero de la ciudad de Londres, un empleo para el que se consideraba poco apto.
En 1957 llegó a Ronda, donde fundó y dirigió una escuela de idiomas junto a su primera mujer, Diana Mary Gison, en la Casa de Mondragón. Disponían de dos caballos con los cuales exploraron gran parte de la Serranía y sus pueblos.
En 1966, en compañía de un amigo español, realizaron el viaje a caballo que relata la obra de la que hemos hablado: desde Ronda a Almería, atravesando las Alpujarras y regresando por Granada.

Tras la muerte de su padre en 1975, Boyd heredó el título nobiliario de Lord Kilmarnock, y serviría durante más de 20 años en la Cámara de los Lores del Parlamento Británico, primero como portavoz del Partido Socialdemócrata y luego como independiente.
Boyd ha escrito varios libros más sobre España, entre los que destacan Sabbatical Year, Collins, 1959; Madrid & Central Spain, Collins, 1975; The Radical Challenge, André Deutsch, 1983; The Essence of Catalonia, André Deutsch, 1988; The Sierras of the South, HarperCollins, 1992 y The Social Market and the State, Profile Books, 1999.
Su única obra publicada en castellano ha sido "De Ronda a las Alpujarras. Viajes a caballo en los sesenta por el sur de España" (Editorial La Serranía, 2007).

martes, agosto 14, 2007

Las protestas contra Merinos Norte llegan a Cataluña

El GR-7 es el primer sendero de "gran recorrido" balizado en España y comunica Atenas con Tarifa. Sin embargo, este camino se encuentra actualmente cortado en Ronda por las obras que se están llevando a cabo para el proyecto urbanístico de Merinos Norte, en plena Reserva de la Biosfera de "Sierra de las Nieves y su entorno".

Justo al Sur de Andorra, en la provincia de Lleida, se encuentra el pueblo de La Seu D'Urgell, que es atravesado de Norte a Sur por el GR-7. Y precisamente es en este lugar donde algún ecologista anónimo le ha dedicado unos cartelitos a este proyecto especulativo que tiene cortado este camino "por obras".







sábado, julio 07, 2007

La Serranía de Ronda sigue perdiendo población

Mientras la población de la provincia de Málaga ha aumentado un 2,6 por ciento durante el pasado 2006, respecto al año anterior, la Serranía de Ronda sigue perdiendo población de forma paulatina, según se desprende del último informe emitido por el Instituto Nacional de Estadística, que hace una valoración del censo en toda la provincia de Málaga desde 1991 hasta el 2006.

Esta tendencia se ha visto reflejado en la mayoría de municipios de la Comarca, que ante la falta de empleo y pésimas comunicaciones, ha perdido vecinos de forma progresiva. La excepción se encuentra en la Ciudad de Ronda, que ha tenido un incremento del 5,7 por ciento, pasando en estos últimos quince años de tener 33.900 habitantes a los 35.836.

Uno de los municipios afectados por la disminución paulatina de población es Benalauría, que ha pasado de 526 vecinos que tenía en 1991 a los 468 actuales, lo que supone un 11 por ciento menos de habitantes.
Uno de los descensos más preocupantes se ha producido en Genalguacil, que tenía 662 habitantes y ahora sólo tiene 502, lo que significa un balance negativo del 24 por ciento.

Por otro lado, Atajate sigue siendo el pueblo más pequeño de la provincia de Málaga con sus 142 habitantes. Un 13,4 por ciento menos que en 1991, cuando vivían en la población 164 personas.

El resto de poblaciones que han experimentado descensos en la zona son: Igualeja con un descenso del 13,4 por ciento, Jimera de Líbar con un 12,6 por ciento menos, Jubrique con un 15,7, Júzcar con un 23,4 por ciento menos, y finalmente Parauta con una de las bajadas más importantes del 25,4 por ciento.

Por el contrario, hay un municipio en la Serranía de Ronda que está experimentado un importante crecimiento en la última década y media. Se trata de la localidad de Arriate, que ha pasado de 3.301 vecinos a los 3.906 actuales, lo que significa un aumento de población del 18,3 por ciento. Una de las razones es que muchos vecinos de Ronda se están empadronando en este pueblo colindante, al comprar allí una casa a un precio más bajo que en la cabecera de la comarca.

domingo, agosto 28, 2005

Cemento, sol y chusma

Vaya por Dios. Los hoteles, los ayuntamientos, las consejerías correspondientes y los ministerios se preocupan porque el turismo popular de playa anda flojo. Como hay sobreoferta de plazas y la cosa está chunga, acaban de aprobar una aportación pública de muchos millones de mortadelos para darle cuartel al asunto mientras se buscan nuevos mercados en China y en India; que por lo visto son los únicos turistas que aún no han honrado nuestro litoral. Resumiendo: languidece el chollo. Pese a nuestros denodados esfuerzos, los españoles no logramos mantener el liderazgo del turismo chusma. Y es que la chusma es muy veleta, se cansa enseguida, busca sitios más baratos todavía, y es relevada por la infrachusma que, como el sabio, pasa recogiendo las hierbas que la otra arrojó. Pero al final, ni con eso. Ahora resulta que nuestra parafernalia turística se va poquito a poco a tomar por saco, pues quienes llegan a España de vacaciones tienen menos viruta que hace ocho o diez años. Que ya es poco tener. Los únicos turistas forrados que siguen viniendo en masa, por lo visto, son los de las mafias rusas, albanokosovares y de por ahí. Pero ni siquiera en el este de Europa hay gánsters suficientes para ocupar tanto piso playero y chalet adosado.

Y es que la cosa tiene su mandanga. Después de destrozar la costa mediterránea y hacer con ella una pesadilla de cemento ?enriqueciendo a mucho especulador, a mucho sinvergüenza y a mucho ayuntamiento?, después de construir miles de urbanizaciones y hoteles casi regalados para guiris con pocos céntimos en el bolsillo, después de reconvertirlo todo ?ministros o consejeros autonómicos dirían apostar? para que el turismo popular, tiñalpa, bajuno, nutrido con botella de agua y hamburguesa, se sienta a sus anchas y traiga a sus parientes, amigos y conocidos a disfrutar del veraneo bonito y barato, resulta que ese turismo cutre, en el que estaban cifradas las esperanzas económicas nacionales, se siente tentado por otros destinos que ofrecen la misma cutrez a precios más irrisorios todavía. Quién lo hubiera sospechado.

Y es que los turistas son unos ingratos, unos desconsiderados y unos marditos roedores. Para eso, se lamentan ayuntamientos, empresarios y agencias turísticas, hemos hecho tanto sacrificio, construido tanta urbanización que chupa luz del mismo enchufe, bebe agua del mismo grifo, defeca en el mismo colector frente a la misma playa. Para eso nos hemos cargado la ecología, el paisaje, la salubridad y la vergüenza. Así agradecen esos guiris que hayamos democratizado el turismo litoral, y que España sea el non plus ultra en materia de paradisiacas vacaciones populares a bajo precio. Que hayamos reconvertido, sin complejos, cada restaurante en merendero de sangría y paella infame, cada tienda en chiringuito callejero de bocatas y agua embotellada, a cada individuo en camarero o tendero que traga lo que le echen, a cada guindilla municipal en asesor de turismo con bicicleta, chichonera y calzón corto. Así agradecen el esfuerzo cultural de las fiestas de espuma, los pases de modelos topless, la música pumba-pumba en la calle hasta las tantas de la madrugada. Así devuelven la gentileza de que a cualquiera se le permita entrar sin camiseta, en chanclas y calzoncillos, donde le salga de los cojones, o que se pueda orinar y vomitar cerveza en cualquier esquina con la mayor impunidad del mundo. Así agradecen que, exprimidas las vacas andaluza y levantina, con adosados hasta en los cuernos, le hayamos echado ahora el ojo al cabo de Gata y a la costa murciana desde Águilas al cabo de Palos, donde constructores y políticos ?cogiditos de la mano? se relamen de gusto, pues el Estado federal verbenero que nos ocupa tiende a inhibirse y liberalizar la cosa, y los espacios naturales protegidos lo son cada vez menos; en aras, por supuesto, de la España descentralizada, el bien común y el desarrollo del cebollo.

Pero ya ven. Todo ese esfuerzo desinteresado y ese buen rollito nos lo agradecen los guiris yéndose ahora, por dos duros, al Caribe o a Croacia con su mochila. Hay que ser malaje. Menos mal que guardamos una carta en la manga; una baza infalible para atraer, ahora sí, el turismo de élite, el de verdad. El millonetis. Me refiero a los ciento sesenta campos de golf abiertos en los últimos cinco años y a los ciento cincuenta que esperan turno, y que caerán tan seguro como yo me quedé sin abuela. Ahora que nos sobra el agua.

viernes, mayo 20, 2005

Los efectos del turismo

Este texto ha sido redactado por un grupo de personas de la localidad malagueña de Torrox, supone una encendida voz de denuncia y resistencia frente al impacto económico ecológico y sociocultural del turismo como fenómeno de masas.

Aquí estamos, en la lucha. En la lucha diaria que es la vida para sacar adelante lo poquillo que cada uno tenemos. A veces son los frutos que da la tierra; otras veces son los hijos; otras, uno mismo. Pero en cada uno de nosotros hay algo que no es nuestro, que no nos pertenece en exclusiva sino que, más bien, es algo a lo que pertenecemos y por lo que también tenemos que pelear. Esa es una parte de nosotros que nos identifica con los demás, en la que nos reconocemos paisanos, partícipes de unas mismas costumbres y valores, que nos permiten la comunicación en eso que no es de nadie, en lo que nos es común a todos. Eso que nombramos es una plaza o un llano que todos pisamos con igual derecho y al que acudimos para intercambiarnos la palabra y, mediante ella, otras necesidades. Esa plaza es la tierra con la que nos identificamos, la palabra que en ella intercambiamos es la cultura a la que pertenecemos. Es verdad que no son las mismas siempre, que la plaza y la palabra sufren transformaciones y cambios que provocan los mismos que las viven, porque no hay nada que dure de la misma manera para siempre.

Pero hay cambios que llegan de otro lado y en los que la gente no tenemos posibilidad de participar: son situaciones impuestas, no negociadas, sino mandadas desde arriba. Cuando esos cambios forzados son muchos o muy fuertes, se corre el peligro de que los lugares comunes que tenemos la gente no se puedan adaptar a la avalancha que se les viene encima y, como si fuera una riada, se lo llevan todo por delante. De manera que, antes de que eso suceda, tendremos que reconocer que hay una amenaza, que viene de un lugar concreto, para después poder reforzar las orillas de la tierra que pisamos y evitar que nos arrastre el agua.

Ese llano en el que hablamos los vecinos, los familiares, los amigos, está amenazado por una crecida de especuladores y turistas que nos están rodeando y que parecen haberle puesto sitio a Torrox, como antaño otros invasores. En lo que vamos a contar creemos que hay razones suficientes para comprender el peligro que se nos viene encima.

La tierra está asediada por los especuladores y, tanto a nuestras costumbres como a nuestros valores, les ha puesto sitio la nueva mentalidad que se cuela por los aparatos de televisión y la colonización extranjera, que está redoblando nuestra tierra de guiris, como si nosotros hubiéramos perdido el derecho a decidir en qué condiciones queremos vivir aquí. Sólo les va a faltar expulsarnos otra vez, como ya hicieron con los moriscos, para quedarse ellos con todo.

Nuestra generación es testigo de cómo todo comenzó hace años, cuando una constructora alemana nos robó la playa. Sí, la robó porque la gente entonces no pudimos decir nada, y lo que pagaron por ella fue un precio de risa; sin olvidar que destrozaron parte de las ruinas romanas, por las que aún no nos han indemnizado. Hubo gente entonces que se alegró porque aquello le daba vida al pueblo. Pero ¿qué pasó después cuando se acabaron de construir los bloques?, ¿qué pueblo se benefició de la miseria que dejaban los alemanes en la costa más que cuatro jardineros y cuatro barezuchos? Los que de verdad sacaron beneficio fueron y son los dueños de los bloques y las agencias de viajes, todos alemanes, por supuesto. La riqueza que aquello iba a traer no se vio por ninguna parte: la gente se siguió yendo a las cañas y cogiendo las aceitunas, como siempre. Aquello fue pan pa hoy y hambre pa mañana porque la costa se perdió y quedamos todos burlados.

Como los empresarios del turismo apartaron los ojos de Torrox (porque había ganancias más fáciles en otros sitios), se le dio un impulso a la agricultura con la introducción de nuevos cultivos, unos con mejor y otros con peor fortuna El agua de los pozos que se abrieron a los pies de la sierra vino a traer nueva vida. Esta fuente de riqueza ponía, junto con la tierra y el clima, las bases para nuevos cultivos, para nueva vida en el campo. Todo así lo indicaba, pero los de arriba ya habían decidido que el agua de los pozos vendría a servir para llenar las piscinas de los extranjeros y de los domingueros. Porque, para entonces, España había entrado en la Comunidad Europea y había tenido que aceptar las condiciones que le impusieron los países ricos, que fueron, entre otras, que su costa mediterránea sirviera para que los alemanes y los ingleses tuvieran un lugar de vacaciones barato y para que sus viejos vinieran a morirse al sol por cuatro duros. Y eso significaba que debían abandonarse los incipientes proyectos agrícolas para la zona y que la tierra había que convertirla en solares, en vez de en bancales. Una buena política agrícola habría levantado la economía del pueblo, que tiene tierras y clima para dar buenos frutos. Pero España entró de rodillas en la Comunidad Europea y le impusieron una economía dependiente de los países ricos. ( A esta luz podemos entender el porqué de lo que está pasando con el aceite).

De este modo, llegamos a fecha reciente, de hace unos cinco años. Al poniente de Málaga (donde está ese engendro llamado Costa del Sol Occidental), la explotación casi ha acabado con la vida de la gente, que ya ni respirar puede; al levante de Málaga, la zarpa de los especuladores se ha llevado la costa y arañado algunos pueblos. Y ahora se han fijado en los lugares cercanos a esta costa. Han venido a esta parte de Málaga porque los propios guiris están aburridos de venir de vacaciones y encontrarse con ellos mismos: les estorban sus compatriotas y los demás guiris (así lo comentaba un día un danés en la plaza). Ahora buscan algo más auténtico, un lugar donde la gente no esté aculturada, donde todavía se mantengan los valores y las costumbres de siempre; donde la gente no les reciba con sonrisa de plástico y les saque los cuartos; donde no se sientan guiris porque les debe dar asco ser lo que son. Buscan una zona culturalmente rica y variada para explotarla, porque tierra todavía tenían una poca de Estepona para allá, pero no querían más de lo mismo, querían una Málaga auténtica, como la de hace cuarenta años, para empezar de nuevo, para volver a sentirse seres afortunados y superiores de poder disfrutar de un nivel de vida mejor que el de la gente de nuestros pueblos. A eso han venido por aquí, a explotar nuestros valores culturales, cuando ya en el otro lado de la costa han acabado con ellos.

Esos roalindes de los especuladores se dieron cuenta del semiabandono de las casas viejas de Torrox y de que los cortijos se estaban cayendo. La Junta de Andalucía y el gobierno de Madrid, en lugar de ayudar a mantener y aumentar la vida agrícola de la zona, la dejó a su suerte, tocada del ala como estaba. La Junta de Andalucía ha dejado de enviar fondos de ayuda de la Comunidad Europea a Torrox, dadas las perspectivas de desarrollo que hay para la zona. Para entender bien lo que pretenden hacer tendremos que volver los ojos a Fuengirola o Benalmádena o Torremolinos, y así podremos hacernos una idea del desarrollo que quieren para nosotros. En vez de enviar ayudas para apoyar a la agricultura, nos envían especuladores, ingenieros y arquitectos sin escrúpulos y guiris y más guiris. Y si vamos a los puestos de trabajo que crea el turismo para la gente del lugar, equivocados estamos: son lo más bajo que hay después de la esclavitud (quien lo dude que pregunte a quien trabaja en un chiringuito o en un hotel de la costa, que en cuanto pueden se van, incapaces de aguantar semejante explotación y desvergüenza de los empresarios). Esta es la única oferta que tienen ellos para Torrox y la zona, ¡y que encima les estemos pagando por eso, vamos, clama al cielo! Desde hace ya tiempo sabían ellos el destino de esas tierras que se iban abandonando, y que a la muerte de los muchos viejos de Torrox, las casas y los cortijos caerían en las garras de esos carroñeros (no sería de extrañar que ya contaran con un censo de casas habitadas por viejos, a la espera de que se mueran para especular con ellas). Fueron comprando casas y cortijos; los más pintorescos, en el Collao, en el Pontil, en la Jesa... Ante el volumen dé negocio que se iba creando llegaron peces más gordos, con más agallas, y montaron una inmobiliaria que vende la tierra de Torrox en Inglaterra a precio de saldo. Y hasta los viejos correores de Torrox han aprendido enseguida y se han adaptado a los nuevos tiempos, traicionando a sus paisanos. Todos ellos son los verdaderos herederos de estas tierras y estas casas. De mientras, ya hay torroxeños que han vendido y se han arrepentido. Primero fue la ilusión de ver uno o dos millones de pesetas juntos por algo que no se esperaba vender a ese precio; después, cuando el dinero se acabó, se perdió todo: ni dinero, ni cortijo. Hay algunos que dicen: «¡no quiero ni ir a verlo porque me dan ganas de llorar!».

La especulación ha inflado los precios. La gente de Torrox que vende prefiere hacerlo a los extranjeros porque saca más dinero de la venta; los torroxeños que quieren comprar, tienen que pagar precio de guiri. Los especuladores se han multiplicado; los hay de aquí, de más allá y hasta de la quinta puñeta; los hay chicos, que se buscan la vía en un menchón pelao trapicheando pa sacar un pellizco, y los hay gordos, con las agallas de un tigre. Y, luego, están los propietarios guiris que, sin ningún escrúpulo, hacen solares en el cacho de pecho que compraron para revender la tierra a otros guiris y hacer un negocio redondo. ¡El demonio, lo listos que son!. Y todos sabemos que, aunque la ley prohibe construir en determinadas circunstancias, todos, guiris y allegados a las administraciones, están haciendo lo que les da la gana, que como mucho pagan una multa de risa -los que la pagan- y sanseacabó. La única función del ayuntamiento, en este sentido, es permitir que la especulación y el deterioro ecológico y paisajístico se produzcan sin contratiempos, que su tajada económica y política están sacando los sabiondos que nos mandan. Esos son a los que se les llena la boca hablando de la autovía y no se han parado a escuchar los lamentos de la gente por la pérdida irremisible de sus tierras y sus cortijos; que es que la autovía va a traer más turistas, más especuladores, hasta que Torrox entero esté vendido, y como pasó en Conejito en los años setenta, cuando se acaben las cuatro perras que nos dan por la tierra y por las casas, nos habrán colonizado a la manera moderna y se habrán quedado con las tierras y con los negocios: aquí tenemos a la Casa Larios vestida de nuevo con las mismas ganas de hace cien años, pero ahora hablando inglés.

No se nos hace ni raro pensar en un alcalde guiri en Torrox (aunque pa lo que hay y lo que ha habido, tanto da). Los guiris llegan sin hablar ni papa de español y, la mayoría, sigue sin hablarlo después de años. Se aíslan en sus casas a las que, si pueden, ponen una cancela y, si es su cortijo, levantan vallas, cortando sitios de paso de toa la vía. No se integran, no les interesa nuestra cultura más que como adorno: no les interesamos nosotros. Simplemente, formamos parte del paísaje; somos un elemento decorativo necesario que no les queda más remedio que aceptar. Y, a pesar de todo, los seguimos tratando hospitalariamente. ¡Bendito sea dios, que a veces no hay quien nos entienda!. Pero ellos han tratado a la gente siempre de otra manera. Los ingleses, en la India, se mantuvieron siempre apartados de la población, para que no se les pegara nada. Incluso exageraron sus costumbres para diferenciarse de los indios y hacerles ver que eran unos salvajes. Ahora, están llegando aquí, con un ejército silencioso de turistas, sin cañones, pero con la misma frialdad y la misma intención de sacar el máximo beneficio que puedan de esta tierra soleada, que tan exótica les parece. ¡Que nunca tengamos que arrepentirnos del sol que nos calienta! A medida que vayan llegando más irán imponiendo sus costumbres y su lengua. Ya hay algún programa en Radio Torrox en inglés, ¡como si no tuvieran ya bastantes emisoras para ellos, que han impuesto su lengua en el mundo y no se molestan en aprender otras! No es esa la manera de hacerles entender que aquí hablamos español con deje andaluz, y que el respeto y las más elementales reglas de cortesía aconsejan al extranjero aprender la lengua de la gente que le recibe: el esfuerzo lo tienen que hacer ellos, no nosotros. Hacerlo de otra manera es caer en el servilismo: encima de perros, apaleaos.

También nuestras costumbres y nuestros valores se están empezando a ser sometidos a cambios forzados. La tierra, para nosotros, siempre ha tenido un gran valor, no sólo económico, sino también simbólico: es la tierra que han labrado nuestros abuelos y que se ha mantenido, aunque en ocasiones hubiera que ponerle dinero encima. Ese valor simbólico de la tierra, que es parte de nuestra memoria, se está perdiendo por culpa de la especulación. Estamos cambiando un valor autóctono, nuestro, por otro de fuera que, a la larga, nos va a provocar una enorme desazón; si no al tiempo, paisanos y familiares. Una vez, a una mujer de Torrox le pidió un guiri una casa que tenía vacía para pintar cuadros, a cambio de un alquiler. El guiri pasó allí unos meses pintando. Cuando llegó el momento de irse, la mujer no le cobró un duro. «Él se habrá servido de la casa y la habrá dejado como estaba, ¿qué sacaba yo con cobrarle si no voy a salir de pobre? El hombre me estará en ese agradecimiento», decía la mujer. Se puede pensar que esta mujer es tonta (así es si uno ya ha entrado en el juego del beneficio económico y se ha olvidado de lo demás), pero su actitud, aunque no sea muy frecuente, nos recuerda que nosotros tenemos otros valores. No se trata de que tengamos que darles todo gratis a los guiris, no, sino de recordar quiénes somos; que la hospitalidad y la compasión son muy importantes para nosotros y nos las están cambiando porque, si todavía hay alguien capaz de hacer lo que esta mujer, dentro de un tiempo ni nos acordaremos de que algo así es posible, que parece verdad aquello de que a la fuerza ahorcan. Y hay que pensar que en los países que se llaman desarrollados, están intentando recuperar los mismos valores que todavía tenemos aquí, porque son símbolo de progreso y son la mejor manera de vivir, ¡y todavía no se han enterado los políticos de lo que significa progreso y bienestar; el demonio los confunda!

Este asedio a los valores autóctonos no sólo viene de los guiris, sino también desde dentro de nosotros mismos, de los más influidos por la nueva ética económica. Hay mucho dominguero que se hace un chalé descomunal con su piscina y todo para malgastar la escasa agua que tenemos, y que deja que las aceitunas se caigan, que la viña se pierda, y que, si puede, mete baza para sacar su parte del negocio de la especulación de la tierra.

Corremos el peligro de desestructurarnos, como pasa en Inglaterra o Alemania o en algunos sitios de la Costa del Sol Occidental, y que se nos venga el chambao encima y nos quedemos con el culo al aire. Que a esta alturas tendríamos que haber aprendido ya de lo que ha pasado ahí, al lado de Málaga, y de nuestra propia experiencia, que bastantes palos nos ha dado ya la droga en Torrox como para dejarnos caer en otra vana ilusión que nos quite la tranquilidad y la salud; que lo que estamos haciendo ahora nos va a traer más dolor que satisfacción cuando se disipe el engreimiento del dinero fácil; que, como se dice, nadie da duros a cuatro pesetas y en algo se lo están cobrando y ese algo es lo que, sin darnos cuenta, estamos vendiendo gratis, metido en el lote con todo lo demás, y cuando queramos recuperarlo, ¡ja!, a ver quién se lo quita a los guiris, que lo primero que hacen es una escritura.

Hace poco el suplemento semanal del periódico El País dedicaba un artículo a nuestra zona. En él se alababa la preservación de muchos de nuestros pueblos y cómo habían sabido escapar al desastre urbanístico del otro lado de la costa. El viajero que se acercara por aquí, se decía, tendrían la ocasión de disfrutar de la belleza de los pueblos y de sus campos. Esa es otra manera de permitir que el forastero se acerque a nuestra tierra: desde el respeto y la admiración que merece lo bello. Y antes que nadie debemos ser nosotros los que disfrutemos de nuestros pueblos; ese debe ser el principio de cualquier transformación. Pero los descerebrados e insensibles que nos mandan son incapaces de ver dónde está el valor de lo nuestro, y no les importa que se eche abajo medio monte para llenarlo de urbanizaciones al lado de la costa hasta que la mar ya no se vea desde las azoteas del pueblo; se piensan que lo bueno es hacer mucho, aunque sean desastres, que todo es correr -como en su autovía- para no llegar a ningún sitio, y es que todas las autovías son iguales, vayan por donde vayan. De seguir así, toda la costa malagueña será un Torremolinos de punta a punta ¡¿Qué se puede esperar de los que están cortaos y trepaos?! Pero ante todo lo dicho, nos cabe la duda de que las cosas puedan verse de otra manera, que esto no pretende ser un panfleto totalitario para manipular a la gente. ¿Acaso no se ha revitalizado la vida en el campo y ha mejorado la situación económica de a gente? Es cierto que la primera impresión es esa, pero también es verdad que ya hubo un repunte antes y que el beneficio real para la tierra es mínimo: los guiris no están abriendo hoyos para poner viña. Por otro lado, el encarecimiento de la tierra no nos beneficia, porque han sido los especuladores los que han disparado los precios y los guiris los que han aceptado esos precios, de esta manera, tenemos nosotros que pagar ahora mucho más por lo mismo: somos los únicos perjudicados por la inflación del precio de la tierra. Y, por lo que respecta a la situación económica de la gente, lo cierto es que son cuatro o cinco, la mitad de fuera, los que están sacando partido del negocio que se ha montado con la tierra y las casas, que los demás nos las buscamos en lo mismo que antes. Parece que lo que ha pasado en Torrox es que se han creado puestos de trabajo, muy bien pagados, para la gente de fuera; los demás no nos hemos movido mucho, la verdad.

Sabiendo ellos, los de arriba, como saben, que esto es así, ¿no hubiera sido más beneficioso para el pueblo frenar la llegada de especuladores y turistas, presionar a donde hubiera hecho falta para apoyar los frutos de la tierra y poner en marcha una política urbanística que fuera escrupulosa con el entorno? Entonces, nos encontraríamos con un pueblo más bonito si cabe, más lleno de vida social, con la misma renta per cápita con que cuenta ahora mismo y hospitalario con cuantos forasteros y viajeros por aquí se acercaran. Pero eso sería hacer las cosas bien; eso habría significado poner a los políticos a sudar sangre para buscar el bien del pueblo y ellos no están dispuestos a trabajar (¿quién ha visto nunca a un político trabajar?); lo único que les interesa es ganar las siguientes elecciones. De modo que es más fácil engancharse al carro de que vengan chupasangres, explotadores de la tierra y guiris a espuertas y pedir autovías, que como saben que eso es lo que va a pasar, pues es muy fácil nadar con la corriente y aparentar que se está haciendo este mundo y el otro, para que la gente vea que se lucha por el pueblo o por la zona, que luego esa misma gente, que es tonta, se lo agradecerá votándoles en las próximas elecciones. ¡Que no, Manuel, que los políticos son una plaga que nos ha caído a la gente!

Sí que tenemos dudas, para qué negarlo, cuando vemos que alguien puede levantar un poquillo la cabeza, pero siempre se nos acaba revolviendo alguna tripa en la barriga. ¡Que no, que las cosas no tienen por qué ser así, que esto nos va a salir demasiado caro a la gente! Por eso, tenemos que pararnos un momento, mirar a nuestro alrededor y hablar con nuestros vecinos para entender qué está pasando. Mientras tanto, los que firmamos esto, nos hemos ido a la sierra de las palabras a resistir, que se nos está volviendo la boca hiel de ver lo que vemos. Resistir significa no vender. Es la mejor manera de no darles carroña a los buitres. Resistir significa denunciar a quien corte una vía de paso en el campo, que si no lo hacemos nosotros nadie lo hará y habremos perdido derechos ganados por nuestros abuelos.

Resiste, no vendas; y, si no te queda más remedio, vente a esta sierra a resistir con nosotros.

Los sitiados
Torrox (Málaga)

Resultados de la especulacion inmobiliaria

Articulos de Opinion: "En dos decadas (1979-99), el/la campesino/na mijeño/a pasa de ser propietario autosuficiente, a mal vendedor de sus tierras al turismo residencial extranjero/a. Para este patronaje trabajaria poco despues en condiciones precarias como jardinero/ra, peon, limpiadora, etc.; si no tuvo que emigrar despues de haber entrado en la ruleta rusa del ?consumo que te consumes por la via rapida?. Es decir, fue descapitalizado no solo ya de su patrimonio terrenal sino de su patrimonio cultural de procedencia, es decir, de su dignidad como persona con arraigo historico."

jueves, junio 17, 2004

Contra el aeropuerto de Jimena de la Frontera

Ecologistas en Acción, ante las noticias recientemente aparecidas acerca del proyecto de construcción de un aeropuerto internacional en Jimena de la Frontera, manifiesta su total oposición a la iniciativa, que en nada se vincula con las tendencias de desarrollo socioeconómico puestas en marcha por las distintas administraciones públicas en los últimos años y que en estos momentos comienzan a dar sus frutos en pos de la mejora de la situación global del medio serrano campogibraltareño. Nuevamente, frente a la complicidad o tibieza de los partidos gobernantes, la sociedad civil tiene que hacer frente a intereses espúreos que tratan de suplantar al poder político gestionando y ordenando el territorio a su antojo aprovechando la difícil situación que atraviesan la mayoría de las arcas municipales.

Nuestra organización, Ecologistas en Acción, se opone frontalmente al aeropuerto de Jimena por diferentes motivos, principalmente de índole económica, ambiental y política:

Económicos:
Al contrario que lo manifestado en el panfleto presentado por la empresa Klin Ingenieros SL, esta infraestructura causará graves problemas económicos a todos los municipios del entorno, principalmente por la generación de ruidos, que si bien no llegará a límites molestos o dañinos para el oído (salvo en el núcleo de Marchenilla y en cortijadas cercanas) sí que romperá la tranquilidad de municipios como Castellar, Jimena y San Pablo de Buceite. Todas las actividades centradas en el ocio y disfrute del patrimonio natural y cultural del entorno se verán gravemente afectadas. El turismo rural, el desarrollo urbano, la caza... íntimamente relacionadas con la existencia de un ambiente de calidad y bien conservado tenderán a decrecer e incluso desaparecer. Especialmente graves serán los efectos sobre Castellar Viejo, donde los muchísimos esfuerzos llevados a cabo por su ayuntamiento, Diputación y la Junta serán tirados a la basura.

Los impulsos urbanísticos que se han desatado en esos municipios, que fundamentalmente obedecen a la excelente calidad ambiental, cultural y paisajística que conservan sus cascos urbanos y su entorno natural, invertirán la tendencia. El sector de la construcción, motor del desarrollo económico junto con el turismo, caerá al poco de construirse el aeropuerto. Y no es necesario recordar que el empleo generado por ambos sectores, mantienen a la mayoría de los habitantes de la zona junto con los puestos de trabajo generados por el Parque Natural y sus actividades dentro del sector primario.

Es inconcebible que los alcaldes y responsables de la Junta que han abrazado la elaboración y defensa del Plan de Desarrollo Sostenible, aún no se hayan pronunciado claramente contra este proyecto que contradice lo que han defendido durante los últimos años de gobierno. Los Alcornocales, parque natural pionero en la redacción de un documento de esta naturaleza, va a tener el honor de ser pionero en su abandono.

Ambientales:
Los efectos que un aeropuerto que pretende mover más de un millón de pasajeros al año pueden ser comparables a los de una gran planta industrial. Las 2,5 toneladas de contaminantes gaseosos que diariamente saldrán del aeropuerto se moverán hacia la localidad de Jimena y el Parque Natural, dada la predominancia en la zona de los vientos de levante. La comarca campogibraltareña cuenta con el dudoso honor de ser una de las zonas más peligrosas para la vida de toda la Península Ibérica según recientes investigaciones. Colocar otra fuente de contaminación no hará sino agravar más la situación de alto riesgo de mortalidad denunciado en fechas recientes por expertos científicos en sanidad social.

La destrucción de 300 hectáreas de terreno, que desaparecerán bajo el hormigón, las afecciones a la vega del Hozgarganta, los desmontes de cerros enteros para la realización de rellenos y evitar así el riesgo de inundaciones de las infraestructuras serán otros impactos a considerar.

Según se desprende de la cartografía aportada por la empresa, dentro del Parque Natural se ubicarán determinadas infraestructuras, como la iluminación de aproximación. Pero, donde sin duda se notarán más sus efectos sobre el espacio protegido será en su avifauna. La abundancia de grandes aves como buitres leonados -que son capaces incluso de derribar a algunas aeronaves- y otras rapaces es incompatible con la existencia de un aeropuerto en sus proximidades.

Políticos:
La reivindicación del uso conjunto del aeropuerto de Gibraltar, construido en terreno neutral, ha sido una bandera constante de los responsables políticos de la comarca. Creemos que la solución para las necesidades de comunicación por vía aérea estarían solventadas con esta medida, así como con el acercamiento con los aeropuertos de Jerez y Málaga tras la culminación de las infraestructuras de comunicación acometidas por la Junta de Andalucía en fechas recientes. La construcción de un nuevo aeródromo privado complicaría esta justa petición y pondría en una difícil situación al aeropuerto jerezano. Como comentábamos anteriormente, ello supondría dejar en manos privadas la ordenación y articulación del territorio, y una grave dejación de las funciones por parte de nuestros representantes públicos.